El Quinto Coño

Alfredo, pasión cocina.

Nos viene directo de Venezuela, en fin no verdaderamente porque si es de Caracas, su ciudad natal, Alfredo hizo sus andar de la cocina a través del mundo, este Chef atípico sublimó una cocina sutil y rica de mil sabores. ¿Y, si el arte culinario sólo constituía una razón excelente para viajar? De su periplo gustativo a través de Europa, Asia, América, Alfredo el viajero trajo en su gran bolsa, ideas un concepto innovador: la cocina itinérante.

Desde más de 3 años, insaciable trotamundos le puso maleta y maletín de cuchillos a Las Terrenas. Reputado jefe a domicilio, se hunde bajo las reservas. Aniversarios, acontecimientos, fiestas o simplemente ganas irreprimibles de comer bien, las ocasiones son buenas para acudir a su talento y a su generosidad. Porque, además de ser excelente en su arte, Alfredo es una persona deliciosa, tanto en ósmosis con su pasión que tiene interrupción de compartirle con número más grande. En el curso de nuestra conversación sin ton ni son, con objeto de conocerlo mejor, le pedí si estuvo casado. Sin ninguna vacilación me respondió, casi sin sonreír: “sí con la cocina”.

Pero, este apasionado, acostumbrado al fausto y al rigor de restaurantes estrellados de Vénézuela o de España dónde ofició con brío moriría de ganas, a pesar de su horario sobrecargado de abrir un restaurante. Discusión con amigos del oficio que comparten su filosofía, Jorge, Anneli, Ray. La idea es lanzada, el lugar es escogido, el restaurante es abierto. Es frente al mar, otra pasión común, que Alfredo y sus amigos vienen para abrir un pequeño restaurante encantador sobre exquisita playa de los Pescadores. Su nombre sólo es todo un poema “el quinto coño”. Una denominación que puede sorprender, incluso chocar pero que significa simplemente “lugar aislado, escondido y casi desconocido”. Bella entrada a materia para cocineros atípicos que quieren sacar caminos trillados proponiendo platos preparados con amor a partir de productos de calidad extrema, cocinados con rectitud y un máximo de sabores. Los jefes se reparten los hornos con mucha complicidad y de buen humor. La carta hace la parte bella a los productos del mar, los pescados, las gambas, las langostas… y los platos suntuosos, elaborados con refinamiento y delicadeza son los cuadros verdaderos que hay que devorar. Y luego, a merced de las ganas de los jefes y del suyo, una tarde a tema es imaginada.

El quinto coño, la nueva dirección ineludible que se cuchichea de oreja en oreja entre los gastrónomos finos.

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